viernes, 18 de agosto de 2017

PICUDOS PECHOS





Picudos pechos
de altura inexplorable
emergen sobre el fuego
de la ladera verde.

¡Oh, naturaleza,
qué grande eres!

© Luis Vargas Alejo

COMPULSORIOS



 No sólo ambicionan someter al que se desploma
de sus privativas influencias,
persiguen su resignación  y beneplácito
en acta consignada.

No sólo pretenden recrear la sociedad
a su gobierno,
quieren que no creamos más
que en ellos mismos.

Frugalidades perdurables
aprisionan sus consuelos irrepetibles,
vahídos obsequiosos se escudan envejecidos
en un encadenamiento interminable
de arbitrajes resquebrajados
que pulsan los reveses de cada individuo.

Tutelas impertinentes y opulentas
diseñan las partituras para el desastre,
en este presente
de incomprensibles derrumbes,
desentendidos de los poderes grandiosos
de la honradez y la equidad.

No implores y lucha firme, sin quiebros,
recuerda y denuncia
cuestiona y grita sin desmayo.

Luego, cuando madures, al final de algún destino,
no olvides que la vida es gritar...
y poco más.

Pichy

martes, 15 de agosto de 2017

FUEGO VERDE




Fuego verde,
dureza de crestas rugosas,
pechos escarpados
párpados con lenguas acuosas
fuerza del viento, esmalte de la luz...

pinares que trepan desde el valle,
junto a la guarida,
donde se esconden los entredichos
y los fantasmas,
en el silencio oculto de un poema visual,
cuando un pincel impertinente
ha robado el color de una melodía,
que quedó plasmada en un lienzo blanco.

© Luis Vargas Alejo

viernes, 11 de agosto de 2017

Si llevara sombrero, me lo quitaría

Si llevara sombrero, me lo quitaría 

No convoco a las palabras 
para agasajarlas de aplausos, flores 
y reverencias
Pues no entiendo los protocolos 
de las cortes
ni que lo cortés quite a lo valiente,  
que como siempre, es de "boquilla" 
Quizás por eso se fuma 
sin filtro 
sin tabaco (legal) 
sin dinero 
sin ganas 
y casi sin pulmones 
y pocos le echan huevos 
a leer poesía. 

Begoña Martínez 

viernes, 28 de julio de 2017

PRECISO RASGAR MI PALABRA



Al presente, preciso rasgar mi palabra
confesar toda la apatía oculta
en cada faena.

Pretendo alejarme la embriaguez
del torbellino que desboca
en el ímpetu de mi garganta, 
transitar por encima de las mutilaciones
de una realidad preconcebida
para deshacerme en la pulcritud de los faros,
dejando al libre albedrio
la observación de mis ojos,
sin premisas ni manejos capitulares.

Abandonarme, a propia voluntad,
sin los piadosos engaños
de las decretadas libertades oficialistas
que demarcan la gravedad y el abismo,
para iluminarme a plenitud —satisfecho—
en la ausencia de consumaciones dictaminadas.
  
Requiero comprender la luminiscencia
de las estrellas  muertas, que continúan presentes
para ultimarnos la gloria,
por la pequeñez de nuestras epopeyas
contra las legiones de la finitud.

Hoy necesito adjudicarme la voz
de los titanes mitológicos.
Requiero los versos más rabiados  
para emular a Vallejo
y salvarme en la espiral audacia
de una metáfora.     


Pichy

BENEPLÁCITO DE LA DESMEMORIA



Se impone la esperanza
—una fórmula para adormecer con sueños—
sobre el hedor agrio de la sangre;
ya costumbre
en la cotidianidad que la vulgariza
robándonos el debido asombro.

El tiempo hace las grietas del hábito
y alisa los pasados rompimientos
para el rápido olvido
con el beneplácito de la desmemoria,
en esa especie de crematorio
que se construye con los símbolos
que pretenden reconciliar crepúsculos
con las quebraduras de la época.

No sé congeniarme con lo transitado
y de la actualidad percibo otros aullidos
que impiden la repartición fructífera de la aurora.

Me han rechazado día a día con disímiles espejos                                       
para impedirme el asimiento a lo relevante
y una jungla de dudas arroja contra la amnesia 
aquello que, vanamente, me describe humano.

Pichy