miércoles, 7 de septiembre de 2016

Papel higiénico

Cual avestruz esconde la cabeza en la tierra y deja el trasero expuesto, mantengo mi posición. -Quizás, luego, deba retractarme-
Un escritor... un poeta... un amigo... un conocido... en fin, esa persona con quien se interactua en una de esas redes sociales, donde se miente como bellacos (mantengo el anonimato, hasta que el susodicho ponga nombre a la etiqueta de este mensaje) desveló, que su próximo libro lo titularía      “Papel higiénico” para que, casi con seguridad del 100% de gente lo tuviese a su alcance. Pues, ¡mucha mierda! le dije.
Desde entonces, mi conciencia no ha dejado de elucubrar, juntando churras con merinas, durante el momento rem de descanso. Hará unos días, durante mis ejercicios articulares del dedo pulgar (zapping), constaté con hechos visuales, las costumbres de África Occidental. ¡La comida va en una fuente central y se come con la mano! No, no vayan al aseo, déjenlo para el final, pues ¿cuántas veces habremos echado barquitos de pan en la fuente de la ensalada, metiendo las manazas, después de habernos relamido los dedos con el muslo de pollo? Sí, sí, piensen. En fin, eso no es lo que a mi me atormenta ni tampoco, el insomnio radica en que, solo se puede comer con la mano derecha; la izquierda queda relegada para otros menesteres...¡no hay papel higiénico! Ya se que están pensando en los zurdos, mancos y demás, yo también lo hice. Como también he pensado en los usos del libro y las posibilidades que tendrá de ser leído, pero a lo que voy, y lo que verdaderamente me concierne este momento dubitativo, que ni contando ovejas me deja dormir ¿el realismo sucio escrito sobre celulosa se suaviza?

Begoña M. Bermejo