lunes, 16 de enero de 2017

Un regalo brillante

Cincuenta pesetas, cien pesetas, ciento veinticinco, doscientas...
-¿Y todo ese dinero?- Me pregunta papá
-Son las pagas que me han ido dando los abuelos. Las he ahorrado. Quiero comprarle algo a mamá por su cumpleaños
-No hace falta, cariño. Mamá ya sabe que te gustaría regalarle lo mejor.
-No hace falta, pero quiero hacerlo. En la tienda de Doña Concha hay algo que a mamá le va a hacer mucha ilusión y yo quiero regalárselo. ¿Me guardarás el secreto?
-Sí, pero si solo la haces un dibujo, también le gustará y ese dinero para que te compres lo que quieras.
-Lo que quiero es hacerle un regalo.
-Está bien, como desees.
Ahí están. Son perfectos para mamá.
-¡Doña Concha! ¡Doña Concha!, vengo a por el regalo de mi madre. Los pendientes de corazones con brillantes. Tengo el dinero que me dijo que valían.
-Calma chiquilla, calma. Ahora te los pongo- dice la mujer con una sonrisa.
-¿Los va a envolver con el papel rojo de regalos especiales que me prometió?
-Claro que sí y le pondremos una pegatina de “deseo que te guste” ¿quieres?- me pregunta con un brillo de felicidad en sus ojos. Supongo que el mismo brillo que el de los míos, pero no más que el de esos pendientes tan bonitos.
-Aquí los tienes, preciosa. Espero que le gusten a tu mamá.
-Gracias Doña Concha. Si mi mamá viene por aquí no le diga nada es una sorpresa. Ya se los verá puestos.
-Así lo haré.

Hoy es el cumpleaños de mamá. Cuando salga del colegio, papá y yo iremos a la estación de autobuses a buscarla. Lleva dos semanas de viaje por trabajo. Y la daré mi regalo.
Son las cinco, he visto a papá que me está esperando en la puerta del colegio. Espero que no se haya olvidado de coger la caja del regalo...
-¡Papá!- me tiro a sus brazos y le doy un beso muy fuerte.
-¿Has traído el regalo?- le susurro en el oído
-Miriam, mira, ha pasado... que...- empieza a tartamudear
-¡Papá, se te ha olvidado!
-No, aquí lo traigo como te prometí, pero...- y se calla
-¿qué pasa?- le digo preocupada
-Ha llamado mamá. El autobus ha tenido una avería y no sabe cuando llegará. - me dice cabizbajo - Es probable que hasta mañana no la veas
-¡No!, tengo que darla su regalo hoy. - y empiezan a inundarse de lágrimas mis ojos.
-Cariño, mañana se lo darás. O se lo puedes dejar en la mesilla de la habitación y cuando llegue esta noche que lo abra.- me dice secando mis lágrimas
-Pero yo quería ver su cara. ¿Por qué no espero a que llegue y se lo doy?
-No, Miriam. Mañana hay colegio y sabes que a mamá no la gusta que te acuestes tarde. ¿no querrás enfadarla el día de su cumpleaños?
-Está bien, pero mañana me cuentas con detalle que cara puso.
-muy bien pequeña, eso haremos. Ahora, vamos a merendar.

Son casi las doce de la noche, no me puedo dormir. Mamá no ha llegado todavía. Papá la está esperando en el salón. ¡Suena la puerta!
-Buenas noches. Felicidades.- oigo que dice papá
-Gracias. Deberías haberte acostado, ya te dije que vendría tarde.- dice mamá.
-Le prometí a Miriam, que esperaría para ver tu cara cuando abrieses el regalo que ella te hace.
-¿Qué le has contado de por qué no venía?
-Que el autobus se había averiado. Estaba muy ilusionada con hacerte el regalo.
-No lo puedes entender..., es mi trabajo. Es importante. No puedo salir corriendo y dejarlo todo porque una niña caprichosa quiera hacerme un regalo
-Di lo que quieras, pero ábrelo que me quiero acostar.

Siento presión en el pecho y las lágrimas empiezan a brotar de mis ojos... Oigo rasgar el papel que la Doña Concha puso y ... silencio.
-¡Unos pendientes! Seguro que ha sido idea tuya. Sabes que no uso pendientes, no me gustan.
Soy un manantial de lágrimas.
-Yo no he tenido nada que ver, tu hija eligió el regalo, yo no sabía lo que era. Pero por ella, ya puedes ponértelos aunque solo sea para que te los vea. Me voy a la cama.
Me ahogo, no puedo creerlo.
-¿Para que me has esperado? La tienes muy consentida, solo le dices lo que quiere oír. Si no me gustan, no me gustan. Eso es lo que tienes que decirla.
-¡Díselo tú!

Me duelen los ojos, la cabeza, estoy cansada. Debí quedarme dormida llorando. Voy a la cama de mamá. No está. Ya se ha ido.
-Buenos días, cariño- dice papá.
-Hola papá. ¿Dónde están los pendientes?
-Los llevaba mamá puestos cuando se ha ido. Le gustaron mu...
-¡No! ¿Dónde están?, lo oí todo. Ella no los merece...

-¡Miriam, Miriam, hija!- dice mi madre
-Perdón, estaba en babia recordando... ¿entonces lo devuelvo, no?- digo volviendo al presente
-Hija, los pañuelos no van conmigo.- y suelta una carcajada
-Lo sé, jamás lograré conocerte. Felicidades Mamá.- Y cuelgo el teléfono.

Begoña M. Bermejo