lunes, 29 de agosto de 2016

ABUELA EN PLAZA DE MAYO



Camina de plaza en plaza
abrazada con la angustia
entre sus manos ambiguas.

Va por su pena gritando
los dolores que laceran
sus más crecidos amores,
que se han llevado a la nada
las uniformadas fuerzas
—dicen testigos que callan—.

Ella no los vio perderse
hasta que no les llegaron
ausentes para la mesa,
que sus faltas le denuncia
despertándole los miedos:

— ¡Desaparecidos!

Y ya el alma se recoge
las razones se diluyen
se suman todos los dioses
en busca de una esperanza.
Que la experiencia le niega
por los cotidianos hechos
donde el hábito represa
aguas negras de la muerte.

Pichy