viernes, 13 de mayo de 2016

LA PESCA DE LAS RIMAS



Ayer me fui de pesca con mi caña y mi zurrón
andando por la campiña hasta la orilla del río,
me aposenté en un buen sitio con devoción
saqué un gusano de la nasa e hice con anzuelo unión
volteé la caña al agua, se hundió ...¡dios mío que frío!
mes de mayo, lloviznando y ni un puñetero salmón.

Frente a mí, un pescador bien armado, me dijo:
"a río revuelto, ganancia de pescadores"
¿lleva usted botas altas de goma? -¡que pijo!-
yo llevaba un bocadillo de atún y un botijo
y la idea de escribir unos versos superiores.

-Pues o se mete usted en el agua y se moja
o no cogerá ni un barbo ni una trucha
y se lo digo con acierto porque soy de Loja
y aquí los peces pican cuando se les antoja
-¡este tío pesado, demasiado me achucha!

Me dije yo sin que me oyera el muchacho
y no haciéndole demasiado caso alguno
dejé la caña clavada en la arena y gacho
escribí un poema  apoyado en el capacho.

" Que pena que haya tanto idiota
en este mundo de Dios
pues nadie sabe, ni le importa
si yo vengo a pasar una hora o dos
tranquilo, reflexionando, afligido
por un amor taimado, que me derrota.

Ay de mí, que me mata la pasión,
me ahonda la soledad descabalada,
la zozobra, la mierda de ilusión,
y no sé qué hacer cuando se acaba"

La verdad es que no pesqué ni una carpa
y empezó a llover con tantísima fuerza
que salí corriendo mojado como una berza
habiendo escrito poemas rimados en trenza
sin ingenio, sin música, sin ritmo y sin arpa.

© Luis Vargas Alejo